Anabel Encinas

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Hay momentos en nuestro día a día en que nos sentimos apáticos, sin ganas, sin fuerzas para encarar ni siquiera las horas que tenemos por delante. En esos momentos nuestro estado de ánimo es un muro que necesitamos franquear para poder seguir adelante, pero es que, a veces, ni siquiera eso nos levanta el ánimo, ya que al no tener ganas de nada ni siquiera nos planteamos el dedicarnos a romper esos muros, tan sólo nos dejamos llevar, tranquilamente, sin ánimos, sin fe, sin nada.

Lo cierto es que en esos momentos nos sentimos una mierda ya que nada fluye como nosotros queremos, sentimos que nada está bajo nuestro control y terminamos sumergiéndonos en una oscuridad infinita.

Si no ponemos solución a este estado emocional en el que estamos y no decidimos cambiarlo todo esto nos puede llevar a que el estado sea permanente y lleguemos a sufrir depresión, ansiedad, miedo, etc.

Muchas veces hemos pasado por momentos así, pero recrearnos en él no nos va a resultar beneficioso, es algo que nos perjudica. Nuestra energía se vuelve oscura y atraemos esa oscuridad a nosotros.

A nadie nos gusta vivir con ese tipo de estados, muchas veces no sabemos ni cuál es la causa de que estemos así, simplemente pasa, y está en nuestras manos hacer algo al respecto.

Cuando somos capaces de controlar nuestros estamos de ánimo somos los que dirigimos nuestra vida, controlamos el barco frente a la tormenta, mientras somos consciente de que tan sólo es una lucha interna con nosotros mismos, ante esta situación sólo hay dos opciones: seguir revolcándonos en el barro sintiéndonos miserables o, por el contrario, tomar las riendas y cambiar a un estado que sea más recursivo para nosotros.

Para poder cambiar ese estado de ánimo que no nos construye podemos hacer uso de nosotros mismos a dos niveles, psicológico y fisiológico.

Lo primero y más importante es hacer un cambio en nuestros comportamiento físico, si decidimos estirarnos, elevar nuestros hombros, nuestra mirada, respirar profundamente y sonreír, ya solo con esto hemos dado un enorme paso, nosotros no podemos sentirnos tristes y apagados si nuestro cuerpo está manifestando algo muy diferente. Por lo tanto lo primero es observar cómo se encuentra nuestro cuerpo y cambiar esa pose que tenemos al sentirnos bajos de ánimo. Puedes hacer la prueba en cualquier momento y lo sabrás. Nadie que se está riendo con un chiste puede sentirse infeliz.

Ahora pasemos a nuestros pensamientos. Debemos ser conscientes de que los estados emocionales no son permanente, simplemente son eso, estados que una simple chispa ha desatado. Por lo tanto también podemos cambiarlos. Es tan fácil como cambiar lo que estamos pensando, podemos hacerlo visualizando un momento en nuestra vida donde nos hayamos sentido felices, valientes, satisfechos, orgullosos y recrearlo en nuestra mente hasta que sintamos las mismas emociones que sentimos en aquel momento y llenarnos con esa fuerza que como seres humanos ya poseemos.

También podemos mirar a nuestro alrededor y sentirnos verdaderamente agradecidos por todo lo que tenemos, esas cosas que tu estado no te deja ver, pero que al tomar conciencia de que es algo que deseamos cambiar las interiorizamos y nos sentimos realmente agradecidos por todo lo bueno que nos rodea.

Los estados de ánimo como vemos son algo que podemos manejar y cambiar. No obstante también podemos decidir que queremos seguir en ese estado ya que sabemos que no es algo permanente, pero eso sí, porque seamos nosotros los que hemos decidido estar ahí y que en cualquier momento lo podemos cambiar.

En muchas ocasiones nos cansamos de luchar contra nosotros mismos y conscientemente decidimos aceptar el estado de ánimo sin tampoco comernos mucho la cabeza, simplemente dejándonos llevar. Cuando nosotros tenemos el control, cuando nuestra vida es el resultado de lo que decidimos, cuando somos la causa de lo que nos pasa, estamos dándonos el permiso de ser humanos, por lo tanto nuestro estado de ánimo pasa a ser algo que decidimos experimentar por el motivo que sea. Eso es tener autocontrol y decidir permanentemente como nos queremos sentir en cada momento por propia decisión y nunca por algo externo.

Si somos capaces de controlar nuestros estamos de ánimo en cada circunstancia de nuestra vida, podremos conseguir todo lo que queramos ya que nuestros estados no nos definen como persona y al manejarnos a nosotros mismos seremos capaces de tomar las mejores decisiones en la vida, de esta forma somos nosotros lo que decidimos y no el estado de ánimo en el que nos encontramos en ese momento.

Una decisión tomada en un mal estado nos puede traer consecuencias nefastas en nuestra vida. Por tanto, manejemos nuestros estados y controlaremos nuestra vida.

ANABEL ENCINAS

www.anabelcoach.es

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