indig Fundación por una infancia digna.

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  “Una nueva forma de Vida”

 

Queridos lectores, cuando me invitan a participar en alguna publicación, siempre busco un hueco en mi tiempo, para poder escribir el artículo con todo el respeto que merecéis vosotros los lectores, por que si es cierto, que normalmente tengo muchísimo trabajo, también es cierto que me chifla escribir, porque me encanta comunicar.

Así que una vez sentada frente al ordenador, he decidido que voy a hablaros del Acogimiento Familiar, COMO UNA NUEVA FORMA DE VIDA, algo que por propia experiencia, conozco muy bien.

antes de expresar yo misma mis “sentires” quiero que podáis saber que opinan los profesionales y estudiosos del tema, así que os cito a continuación un par:

Cada experto redacta como mejor sabe, cual es el concepto DEL ACOGIMIENTO, y si hay alguien de quien de verdad quedo siempre encantada de sus teorías, ese es mi querido y admirado Jesús Palacios González, Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad de Sevilla. Don Jesús nos lo describe de la siguiente forma.

-El Acogimiento Familiar es uno de los recursos del sistema de protección de la infancia en situación de riesgo o maltrato. Está pensado para niñ@s que por diversas razones tienen que salir de sus propias familias, siendo ésta una alternativa a la institucionalización a través del acogimiento residencial. Además, Don Jesús es firme cuando dice que son numerosas las evidencias que muestran que la familia es un contexto de desarrollo mucho más adecuado que las residencias infantiles y la legislación española en materia de protección de menores “proscribe” la institucionalización, es decir, la considera la opción menos deseable.

Si es una administración de protección a la infancia la que desarrolla el concepto, nos lo describe así.

-El Acogimiento Familiar es una medida de protección que otorga la guarda de un menor a una familia durante un tiempo con la que ésta deberá de cuidarlo, atenderlo y protegerlo como a uno más de su familia, siendo el acogimiento un recurso social que responde a unos principios de individualización y normalización que siempre proporciona una familia a aquellos menores que por diferentes circunstancias no pueden convivir con sus propios padres.

y una vez ya he hablado de teorías os hablo de lo que es el acogimiento familiar para mí, para una Familia Acogedora, simplemente eso, una familia acogedora que opina…..

 Sin título

FAMILIA DE ACOGIDA: UNA NUEVA FORMA DE VIDA,

Carmen Artero.

Cuando me encierro en mi misma porque necesito expresar mis sentimientos, normalmente antes de empezar a escribir recapacito, pero cuando se trata de expresarme como familia de acogida, no me pasa lo mismo. Todo lo contrario, me tengo que poner límites, una vocecita que me sale de dentro me dice: “Carmen cuidadito que aunque no te han puesto límite para el artículo, lo suyo es que no te excedas de 1.600 palabras, que ya está bien”. otra voz de una amiga periodista me dice siempre: “Carmen, sintetiza”, y esto para mi no es tan bueno de hacer, ponerse límites cuando no es necesario pensar es difícil. Cuando todo aquello que llevas dentro aflora por todos los poros de tu piel, es muy complicado poner límites a mis palabras.

Por eso, intentaré hoy resumir para hablaros con total sinceridad, sin extenderme demasiado, y que sea lo que Dios quiera.

Que es el acogimiento? Para qué sirve? A quien va dirigido? Porque una familia se convierte en Familia Acogedora?, muchas preguntas que, a veces, tienen respuesta pero no siempre. A menudo sabes por qué has decidido ser un viajante por el mundo, pero a veces te encuentras viajando de un lado al otro, sin ni siquiera recordar como empezaste.

Nosotros, mi familia, cumpliremos el próximo año 14 años, una década y casi un lustro han pasado desde que decidimos sumergirnos en este mundo y os aseguro, a todos los que leéis estas palabras, que meternos en este mundillo de “la cultura del acogimiento familiar”, ha sido, sin ninguna duda, un huracán para nuestras vidas. En su día este huracán representó el final de una etapa de nuestras vivencias, pero también representó el principio de muchas otras, y el inicio de experiencias que nunca podríamos haber vivido si no hubiésemos acogido niños en nuestro hogar. Y cuando digo el final de una etapa, lo afirmo con total convencimiento. Este año, el 2001, nos queda en la memoria por que a partir de aquel verano, hay un antes y un después en nuestro núcleo familiar y en nuestro entorno de amistades.

Cosas, personas, sentimientos, vivencias que dejas de tener y cambias todos estos mismos conceptos por otros nuevos o por lo menos los modificas un poco, y ya nunca serán igual que antes. Incorporaciones y perdidas, “gente” que estaba formando parte de nuestras vidas, de forma superficial pasó a hacerlo de forma intensa, y al revés, gente que formaba parte de nuestras vidas de forma intensa, pasó a hacerlo de forma superficial. Sabíamos que la decisión de incrementar los miembros de nuestra familia, con otros “miembros desconocidos”, nos produciría cambios, pero no esperábamos tantos. Pero no nos importó más de lo justo, en el momento que empezamos, ni nos importa ahora, porque el fin vale la pena. Entendemos que la decisión de acoger a pequeños en nuestro hogar, es solo nuestra, de nuestros hijos y del que era mi marido y mía. A partir de aquí no podemos obligar a nuestro entorno a que tengan los mismos sentimientos que nosotros y, por tanto, así lo asumimos. Con frecuencia en estos casi catorce años de nuestra historia, hemos sentido acercamientos y alejamientos de personas que nos importan, pero siempre lo hemos entendido, hace poco estaba dando mi testimonio en un curso de posibles nuevas familias acogedoras, y me preguntaron si he perdido mucha gente por el camino, bueno no creo que haya perdido, sé que están ahí, pero si es que he perdido a alguien y no soy consciente de ello, también pienso que lo que se perdió no debía valer la pena lo suficiente, por lo cual pues bueno, con la teoría que sabemos todos de que en los momentos duros se ve de verdad a quien le importas, pues tal vez el acogimiento nos ha hecho

ver de verdad quien debe formar parte verdadera de nuestro hermoso

proyecto de vida.

Lo que de verdad es importante es que los que te quieren, aunque no compartan la vida de la cultura del acogimiento, al menos si que nos respetan y muuuucho, es más, hasta algunos que jamás acogerían , nos admiran por lo que hacemos.

En aquel 2001 teníamos un hijo de 12 años, uno de 11 años, uno de 5 años y uno de mesecitos. Si nos hubiesen dicho todo aquello que íbamos a vivir, creo, mejor dicho, estoy segura, que no nos lo hubiéramos creído nunca. Es cierto que hay una familia, que son hoy amigos nuestros, que hace mas años que nosotros que acogen menores, pero ese año era el primero que funcionaba en el Consell de Mallorca, el “Programa Canguro”, con nuevos criterios establecidos, y un equipo humano que durante 14 años ha ido creciendo a nuestro lado, al lado de las familias de acogida, ya que nosotros sin los técnicos no podríamos obrar igual, y ellos sin nosotros no tendrían el programa Canguro, y es que es así como se llama nuestro programa “Familias Canguro”. Trabajamos altruistamente, en un tipo de vida que nos condiciona totalmente nuestra propia VIDA y, ésta claro, también condiciona la vida de nuestros hijos, una vida a la que debes dedicarte en cuerpo y alma y el cien por cien del tiempo, siempre lo decimos, 365 días al año, veinticuatro horas al día. Dedicación absoluta, alegrías y tristezas, mucha felicidad, pero sobretodo, también, muchas muchas lágrimas. Momentos como diré muchas veces, momentos imborrables y no siempre buenos. Muchas familias acogedoras han vivido momentos terribles, hemos vivido momentos terribles, durísimos, que nos han hecho vivir circunstancias impensables, que en la mayoría de las situaciones han confirmado que la realidad supera con creces, muchas veces, la ficción.

Es cierto que nuestra familia, en más de una ocasión, ha pensado en abandonar este barco, pero como en muchas otras ocasiones, al hacer balance de lo vivido y poner en un ladito el sufrimiento y en el otro ladito los beneficios para la infancia acogida, no hemos tenido ninguna duda, y nos hemos dicho que no podemos abandonar, que tenemos que seguir luchando y colaborando en esta sociedad del siglo XXI con el acogimiento familiar.

Además también es cierto que llevamos unos años de crisis, en los que el ambiente es irrespirable por la situación de crispación económica que se vive, que afecta y repercute a relaciones familiares. Pero esta crisis no nos puede frenar a la hora de entrar en este mundo del acogimiento, porque desde el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales, y desde otras administraciones u entidades en otras comunidades, se nos da a las familias de acogida una pensión compensatoria, en concepto de alimentación y gastos varios, para cada niño, la cual nos cubre totalmente los costes producidos por el menor acogido. Es decir, hacemos de canguro, propiamente dicho, llevamos en nuestra bolsa marsupial, al pequeño que acogemos de forma temporal , que no es nuestro ni lo será nunca; solo estará con nosotros el tiempo necesario para resituar la historia de su corta vida, y buscarle la mejor salida. A veces, es lo mejor que vuelvan al núcleo de su propia familia, pero en otras ocasiones lo mejor para el interés superior del menor, es encontrarle una nueva familia que le dé una vida digna.

El concepto canguro no es nuevo, todos lo conocemos, pero por fracciones de tiempo. Yo misma que soy auxiliar de puericultura, muchas veces, y más cuando la vida aprieta, hago de canguro por horas. Me encargo de pequeñajos, o en su casa o en mi casa, porque sus padres deben de trabajar, o porque se van de cena, de cine, etc.etc.. Pero hay una diferencia en estos dos tipos de canguro tan distintos, en este caso, en el que unos papis protectores dejan a sus peques en buenos cuidados con una cangurito, lo hacen de forma breve, unas horitas y la cangurito se gana unos dineritos que vienen de fábula, en el caso de las familias Acogedoras, el tiempo se transforma en varios días, meses o años y además de forma totalmente altruista. Por supuesto aun no siendo un trabajo ni mucho menos remunerado, las familias de acogida debemos de reunir una serie de condiciones para ser aptos y que nos concedan la idoniedad para acoger, y adquirimos una serie de compromisos mediante convenio.

Por otro lado, si nos centramos en los sentimientos, el acogimiento te hace vivir las experiencias de forma muy intensa.    Que debe significar para mi haber criado aparte de a nuestros 4 hijos a otros 27 en acogida, 27 que no son nuestros, de los cuales algunos han desaparecido de nuestras vidas, y con otros tenemos el inmenso placer de seguir contando con ellos y formando parte de las suyas. Hasta con el último acogimiento, hasta con el que hace 27 hemos recibido regalos de vida invalorable e imborrable. Jamás podremos agradecer a todos estos pequeños todo lo que hemos aprendido gracias a su paso por nuestro hogar. Algunos llegaron a casa con tres dias de vida y otros llegaron con 16 años, os aseguro que desde esos 3 dias a esos 16 años hemos vivido un abismo de oportunidades distintas, de sentimientos, de valores, de diferentes cuidados y atenciones, y todos nos han dejado su imprenta. Diferentes unos de los otros, pero todos ellos han dejado hundimientos en nuestros corazones. Pensad que El caminar de un pequeño acogido no es para nada el mismo que el de un hijo propio. Sus vidas son tan intensas que andan pisando muy fuerte aunque sea sobre tierras muy densas, es decir si estos pequeños andarán sobre la orilla del mar, y cerráramos los ojos para imaginárnoslo, pensaríamos que ocurriría lo mismo que si andan nuestros hijos propios, pues no, al andar nuestros hijos y al subir la ola con la marea, borrara las huellas en la arena, cuando andan los acogidos por la orilla, la arena se transforma en cemento fresco que rápidamente seca, y al llegar esa misma ola de esa misma marea, cuando ésta se retira, uff, vemos los acogedores que las huellas han quedado ahí, para siempre, esa pisada esa huella es la que dejan éstos en las venas de los padres acogedores, cuando estos pequeños siguen sus caminos y marchan de nuestros hogares. UF! me emociono inevitablemente cuando estoy ahora mismo expresando la densidad de los sentimientos de una familia Acogedora, es inevitable, no se pueden frenar estas lágrimas, y no quiero frenar estas lágrimas, por que expresan aquello que sentimos a diario en nuestras almas, aquí en el ordenador , aquello tan profundo alegra, ojo, que no lloro de tristeza, sino de felicidad. Pisadas que nos marcan para siempre por que ninguno de estos pequeños vuela ni flota sino que marcan a sangre. No es la primera vez que escribo estas palabras, al revés ya lo he hecho muchas veces y así y todo me veo obligada a parar por que con mis ojos tan húmedos no veo bien ni las letras del teclado. ……. Ya puedo seguir…..

Son muchas las voces de los que nos aman y nos envuelven que nos dicen que no entienden como podemos soportar este cóctel de sentimientos tan y tan fuertes, y siempre decimos lo mismo, soportamos estos profundos sentimientos por dos motivos. El primero, y el mas importante, POR LOS PEQUEÑOS, por los que tienen entre 0 y 17 años, por que si no existiéramos las familias de acogida, ninguno de ellos , ninguno de los 27 hubiera tenido la oportunidad de vivir en un hogar, durante el tiempo que duró su paréntesis. Y segundo, lo hacemos y lo seguiremos haciendo por nosotros, por puro egoísmo, por que todo aquello que nos aportan estos menores que acogemos, no nos lo aporta nadie ni nada, ellos son in suplantables, lo que ellos son y sus vidas les hace únicos, son incomparables.

Hoy como os decía al principio, casi 14 años después aquí sigo, las familias acogedoras somos familias normales, monoparentales o no, pero normales, por lo cual también suceden cambios en nuestros hogares, en mi caso, hoy soy familia acogedora monoparental, pues desde hace poquito estoy separada, pero felizmente separada por que tengo dos ex-maridos “cojonudos”, con los que tengo una buena relación. Y no por separarme debo de plantearme ni de la forma mas remota, dejar de acoger, Acoger forma parte de mi vida.

Invito a todos a probar esta experiencia, si nosotros podemos hacerlo vosotros también. Pensad que es una cosa voluntaria, que igual que os metéis os podéis salir, como digo siempre, solo con que cada humano adulto una sola vez en su vida hiciera un acogimiento familiar, la historia de estos pequeños cambiaria. Dadle la oportunidad a un menor y cuando este se marche si no queréis repetir no lo hagáis, pero a ese ya nadie le quitara vuestra siembra. Pero cuidadito esta nueva forma de vida es una trampa, engancha y mucho.

Crea dependencia ser Familia Acogedora!

ES UNA NUEVA FORMA DE VIDA!!!

Carmen Artero.

Família d’acollida: una nova forma de vida

Carmen Artero,

Quan em tanc en mi mateixa perquè necessit expressar els meus sentiments, normalment

recapacit abans d’escriure res, però quan es tracta d’expressar-me com a

família acollidora, no em passa al mateix. A la inversa, m’he de posar límits: una

veueta que em surt de dins em diu: “Carmen, alerta que t’han donat un màxim de

1.600 paraules”. Una altra veueta d’alguna amistat em diu sempre: “Carmen, sintetitza”.

I no és tan bo de fer quan no cal pensar. Quan tot allò que portes a dins

aflora per tots els porus de la teva pell, és mooolt difícil posar fites a les teves paraules.

Per això, intentaré resumir per parlar-vos amb tota sinceritat, sense estendre’m

i que sigui allò que Déu vulgui.

Què és l’acolliment? Per a què serveix? A qui s’adreça? Per què una família es

converteix en acollidora? Moltes preguntes que, a vegades, tenen respostes però no

sempre. Sovint saps per què has decidit ser un viatjant pel món, però a vegades te

trobes viatjant per aquí i per allà sense saber com començares.

Nosaltres, la meva família, complirem s´any que be 14 anys , una decada y casi un lustre

han passat des que decidírem submergir-nos en aquest món i us assegur, a tots els qui

llegeixin aquestes pàgines, que ficar-nos en el món de “la cultura de l’acolliment

familiar” ha estat, sense cap dubte, un huracà en les nostres vides. En el seu dia

representà el final d’una etapa de les nostres vivències, però també representà el

principi de moltes altres i l’inici d’experiències que mai no podríem haver viscut si

no haguéssim acollit infants a la nostra llar. I quan dic final d’una etapa, ho afirm

amb total convenciment. Aquest any, el 2001, ens queda a la memòria perquè a

partir d’aquell estiu hi ha un abans i un després en el nostre nucli familiar i en el

nostre cercle d’amistats.

Coses, persones, sentiments, vivències que deixes de tenir i canvies tots

aquests mateixos conceptes per altres de nous o els modifiques un poc, però mai

no seran iguals que abans. Incorporacions i pèrdues, “gent” que estava formant par

de les nostres vides de forma superficial passà a ser-ho de manera intensa i al

revés: “gent” que formava part de les nostres vides de forma intensa, passaren a

formar-ne part superficialment. Sabíem que la decisió d’incrementar els membres

de la nostra família amb altres “membres desconeguts” , produirien canvis

però, certament, no n’esperàvem tants. Ens va ser igual, però, en el moment de

començar i ens ho segueix sent ara mateix: entenem que la decisió d’acollir infants

a la nostra llar era nostra, de tots nosaltres, dels nostres fills, del meu marit i

meva. A partir d’aquí no podíem obligar el nostre entorn a què tingués els mateixos

sentiments que nosaltres i, per tant, així ho assumírem. Amb freqüència hem sentit

apropaments i allunyaments de persones que ens importen, però sempre ho hem

entès. Allò que és important de veres és que els que ens estimen, encara que no

comparteixin la vida de la cultura de l’acolliment, almenys sí que ens respecten, i

molt. Fins i tot alguns que mai no acollirien, ens admiren per allò que feim.

En aquell 2001 teníem un fill de 12 anys, un altre d’11, un altre de 5 i el darrer

de mesos. Si aleshores ens haguessin dit tot allò que viuríem, crec, millor dit, estic

segura, que no ens ho haguéssim cregut. És cert que hi ha famílies, amics nostres,

que fa molts més anys que nosaltres, que acullen infants, però aquest any era el

primer que funcionava al Consell de Mallorca el “Programa Cangur”, amb nous

criteris establerts i un equip que durant casi 14 anys ha anat creixent al nostre costat.

I és que és així com es diu el nostre programa: “Famílies Cangur”. Feim feina

altruista, un tipus de vida que ens condiciona totalment la nostra pròpia vida i, és

clar, també la vida dels nostres fills i a la que hi has de dedicar el cent per cent del

temps, els 365 dies de l’any, les vint-i-quatre hores de cada dia. Dedicació absoluta,

alegries i penes, molta felicitat, però sobretot, també, moltes llàgrimes. Moments,

com deia en començar, inesborrables però no sempre bons. Moltes famílies

acollidores hem viscut moments terribles, duríssims, que ens han fet viure circumstàncies

impensables. És cert que la nostra família, en més d’una ocasió, ha pensat

abandonar aquest vaixell, però com en moltes altres vegades, en fer balanç i posar

a una banda el patiment i en l’altre els beneficis per als infants, no tenim cap dubte

i ens deim que no podem abandonar; que hem de seguir lluitant i col.laborant en

aquesta societat amb l’acolliment familiar.

A més, és cert que hi ha crisi, que l’ambient és irrespirable per la situació de

crispació econòmica que es viu. Però aquesta crisi no et pot frenar a l’hora d’entrar

en aquest món perquè des de l’Institut Mallorquí d’Afers Socials es dóna a les famílies

acollidores una pensió compensatòria en concepte d’alimentació i despeses vàries

per cada infant, la qual cobreix totalment els costos produïts pel menor acollit.

És a dir, feim de cangur, pròpiament, duim en la nostra bossa marsupial el petit

que acollim, que no és nostre ni ho serà mai; només estarà amb nosaltres el temps

que calgui per ressituar la seva història, la seva curta vida, i cercar-li la millor

sortida. A vegades, el millor és que retorni al seu nucli biològic propi i, en altres,

trobar-li un nou nucli familiar.

El concepte “cangur” no és nou, tots el coneixem, però per fraccions de temps.

Jo mateixa, que som puericultora, moltes vegades, i més quan la vida acuita, he fet

i faig de cangur per hores. M’encarrec de menuts, a ca seva o a ca meva, perquè

els seus pares puguin sortir a treballar o a sopar. Hi ha, però, dues diferències que

cal puntualitzar. La primera, que les hores que els pares deixen el seu fill petit per

anar al gimnàs, a una festa d’adults, durant una nit sencera per anar de gresca, en

l’”acolliment cangur” es transformen en dies, setmanes, mesos i fins i tot anys

(excepcionalment poden passar els dos anys). I la segona, que si faig de cangur

per hores, em paguen els meus serveis per aquest temps; en l’”acolliment cangur”,

però, no és igual perquè és una feina totalment altruista. Tot i que no sigui un

treball remunerat, per suposat que les famílies d’acollida han de reunir un seguit de

condicions i s’han de firmar documents de compromís absolut en els quals hi

trobam els criteris que s’han d’acatar perquè dipositen, en nosaltres i en les nostres

famílies, menors que hem de cuidar de forma excepcional. Per tot això, ens

compensen a bastament perquè l’atenció al menut no ens sigui cap càrrega económica. Ve a

ser com quan una parella es divorcia, que un dels dos progenitors passa al qui té la

guarda dels fills una pensió compensatòria. En aquest sentit, els que tenim la

guarda ens deim famílies cangur i la “parella” és l’Institut Mallorquí d’Afers Socials.

D’altra banda, parlant de sentiments, si criar els nostres propis fills ha estat i

segueix sent una experiència molt intensa, què no significa el fet de criar 27 infants

que no són res nostre! Amb el darrer acolliment ja són vint-i-set i cada un d’ells

ens ha regalat una oportunitat de vida invalorable i inesborrable. Mai no els podrem

agrair a cap d’aquests menuts tot allò que hem après gràcies al seu pas per la

nostra llar. Alguns han arribat a casa amb tres dies de vida; d’altres un poc més

grans, fins i tot amb 16 anys. Dels tres dies als setze anys, naturalment, hi ha un

abisme d’oportunitats, de sentiments, de valors, de diferència de cura i d’atencions,

però tots han deixat emprempta. Diferent un dels altres, però tots han obert solcs

en el nostre cos. El caminar d’un petit acollit no és el mateix del d’un fill propi. A

més, són tan intenses les seves vides que caminen sobre terres espesses, és a dir,

que si aquests infants caminassin a la vora de la mar és cert que hi deixarien

petjada, però a la següent onada, l’aigua les esborraria. Amb els indefensos infants

d’acollida, però, no passa el mateix: ells caminen sobre ciment tou per les nostres

venes. I què passa? El ciment no es mou quan ve l’onada i com que era tou, quan

baixa la marea i l’infant desapareix de la nostra llar i passa el temps, el ciment se

solidifica i aquella petjada us assegur que resta allí per sempre.

Uf! M’emocion inevitablement perquè estic expressant què sent una família

d’acollida i són inevitables les llàgrimes quan sents el que estic sentint en aquests

moments. Estic escrivint allò que pens diàriament i quan hi reflexiones i et demanes

o et demanen que expliquis allò que sents acollint infants, afloren molts records

i amb ells vull expressar la profunditat dels sentiments d’una família acollidora. No

s’ha de pensar que plor de tristesa, al contrari: plor de felicitat. Aquestes petjades

queden per sempre, com he dit, com petjades en ciment. Els nostres cossos i les

nostres ànimes en van plenes, d’aquestes marques. A més, tots trepitgen, ja que

cap no vola, i n’hi ha que pitgen més fort que uns altres…

Uf!, perdó: m’he d’aturar uns segons, sinó amb els ulls molls no veig el teclat de

l’ordinador que m’ajuda avui a escriure els meus sentiments… Ja puc seguir.

Són moltes les veus dels qui ens estimen i ens envolten que ens diuen que no

entenen com podem suportar aquest còctel de sentiments tan forts i sempre els

deim el mateix: suportam aquests sentiment tan profunds per dos motius. El

primer, i el més important, pels petits; perquè és cert que si no existissin les fami-

lies d’acollida, aquests podrien viure en els centres, però entenem que viure en un entorn familiar

és molt més positiu per al desenvolupament de l’infant que no un entorn institucional.

I segon, ho feim i ho seguirem fent per nosaltres; per pur egoisme, perquè

tot allò que ens aporten aquests menuts que acollim, no ens ho aporta ningú ni

res més, són insuplantables: allò que són, les seves vivències… Res no és comparable

a ells i a les seves vides.

Convid a tothom a provar aquesta experiència. Si en la meva família ho podem

fer, també vosaltres ho podeu fer. S’ha de pensar que és voluntari i que es pot fer

una sola vegada. Donau l’oportunitat a un infant i si després no voleu repetir, no ho

faceu, però ja n’haureu ajudat a un. Això sí: us assegur que és una trampa: enganxa,

i molt! Crea dependència, ser família d’acollida. És una nova forma de vida.

Una abraçada.

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