” Ecos de Mali “

Ecos que son realidades

Malnutrición, desescolarización y pocos recursos. Entre los intensos colores de Mali, se esconden también otras realidades como estas. Un contexto difícil para una situación en contra de los Derechos Humanos. Tanto su gobierno como Europa giran la cara, Ecos de Mali, una ONG operativa en varios poblados del país, intenta luchar contra esas problemáticas.

A 15 kilómetros del Níger se sitúa Boidié, un poblado de 4.800 habitantes con una área de influencia de 22.000 personas. Sin electricidad, con sequía y con un dispensario médico insuficiente. La escasez de agua provocada por el clima de la zona provocó hace años un cambio de agricultura que imposibilitó la cosecha de verduras y hortalizas, por lo que sus habitantes pasaron a alimentarse a base de arroz y mijo. Esto provocó una grave malnutrición, preocupante sobre todo en los sectores más jóvenes del poblado, y por lo tanto, una urgente necesidad de un huerto en la zona. Es aquí donde entró en juego Ecos de Mali.

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Imágenes del poblado de Boidié y sus habitantes. Fuente: Ecos de Mali

Ante esta situación, Jordi Escudé y los miembros de su ONG discutieron un nuevo proyecto para conseguir agua ante la Association des Ressortissants de Boidié, una organización de gente originaria del poblado. Al cabo de unos meses, 33.000 litros/hora de agua salían de las áridas tierras del poblado. Empezaba entonces la transformación de aquel poblado.

Unas 470 mujeres consiguieron trabajo y crearon una cooperativa agrícola que según el médico de la zona, el Dr.Samaké, ha mejorado la alimentación de los habitantes de Boidié. Esto implica que se está eliminando la malnutrición en la zona y con esta, todas las enfermedades que conllleva. Además, gracias a la venta de los productos cultivados en la huerta, el “empoderamiento de la mujer ya empieza a ser un hecho”, según el balance que ha hecho el fundador de la ONG de Ecos de Mali, pues ahora disponen de un técnico del Ministerio de Agricultura que les asesora para que sean autosuficientes.

La construcción de un pozo en la localidad de Boidié ha aportado no solo la posibilidad de un cambio de dieta más rica en vitaminas, sino también una transformación de las estructuras familiares y económicas.

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Los habitantes de Boidié trabajando en la huerta. Fuente: Ecos de Mali

Pero las carencias de aquella zona cerca del Níger también incluían las escuelas. La ràtio de la escuela se situaba en unos 160 niños y niñas por profesor, es decir, 800 menores repartidos entre 5 profesionales, una proporción que no permitía una buena impartición de las clases y un adecuado provecho de estas. La situación es hoy en día similar a la de Kanso, un poblado de 800 habitantes englobado en la región de Sikasso, situada en la zona más meridional de Mali. Al ser una zona inundable en épocas de lluvias, el acceso a pueblos vecinos como Bazana (que es la localidad más cercana que dispone de una escuela) es muy complicado. Esto implica que las mujeres embarazadas no puedan dar a luz en centros sanitarios y que los niños que pueden acudir a la escuela tengan que recorrer 5 kilómetros de ida y otros 5 de vuelta, hecho que influye negativamente en su rendimiento escolar. Además, Kanso es una localidad con un alto número de menores de edad, pues representan aproximadamente un 56% de la población.

Es por eso que la tasa de escolarización de Kanso es de un 10%, lo que supone que hay unos 400 niños menores de 16 años que no pueden ir a la escuela por falta de medios de transporte adecuados o por la ausencia de un centro educativo propio en su poblado. La construcción de una escuela es por lo tanto, la necesidad primordial de Kanso. ¿Cuál es el plan de Ecos de Mali? Construir una.

Por este motivo impulsaron una campaña económica que se sostuvo principalmente con la edición de un cuento solidario, Aina y su abuelo se van a Mali, de Sofia Escudé y con las ilustraciones de Jaime Vicente.

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Portada del cuento solidario de Sofia Escudé. Fuente: Ecos de Mali

Aunque obtuvieron bastantes ingresos con la venta del cuento solidario, la construcción de una escuela necesitaba mucho más presupuesto económico. Así, con la compra de un “ladrillo solidario” en forma de papeleta, se adquiría uno de los 4.000 ladrillos que hacían falta para elevar el edificio. Por otro lado, la ONG organizó un concierto de Jazz en el Teatre de Sarrià. No pararon hasta que, meses después, llegaban los cargamentos de materiales para la construcción de la escuela.

Actualmente, los hombres del poblado ya han preparado el terreno y están ayudando en el proceso. La escuela empieza a ser una realidad tangible.

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Situación actual de la construcción de la escuela en Kanso. Fuente: Ecos de Mali

Ecos de Mali espera inaugurar el centro educativo el próximo curso. Pretenden involucrarse en la dirección de la escuela para hacer de ella un centro de excelencia. En principio, el primer recinto será de unos 270 metros cuadrados, aunque prevén edificar más instalaciones para que los niños puedan completar su educación de una forma global. Según Jordi Escudé, el fundador de la ONG, su intención es “hacer un proyecto a largo plazo para que los niños que empiezan a leer y escribir puedan sacarse el Bachillerato según lo que está estipulado en Mali”. Este plan incluye la presencia de tres profesores autóctonos del poblado que gestionen el ámbito pedagógico e impartan las clases.

Ecos de Mali pone los medios para intentar solucionar aquello que para los habitantes de Mali supone un problema. Su ideal principal es que una vez les ayudan, los habitantes de Mali tienen que “aprender a volar solos”. Y así lo hacen los vecinos de Boidié y Kanso. El huerto y la futura escuela han producido ya enormes cambios sociales y económicos en la población de estos territorios. La ilusión de estos proyectos ya es palpable en cada una de las realidades conseguidas con la iniciativa y el trabajo de los miembros de Ecos de Mali y de los habitantes de los poblados.

“Queremos hacer las cosas bien hechas, con transparencia y objetivos precisos. Queremos seguir construyendo proyectos para el desarrollo de Mali, y eso es solo posible con la ayuda de todo aquel que quiera colaborar”. Una ONG con las puertas abiertas a la participación. Varios poblados de Mali están consiguiendo facilidades en su día a día, de agua para el cultivo hasta centros que aportaran educación a más de 450 niños y niñas que hoy aún no pueden ir a la escuela. Ecos de Mali sigue con su tarea en el país, sus reverberaciones empiezan, sin embargo, a ser realidades

.http://www.ecosdemali.org/

Helena Martín

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