DIGNIDAD, ¿QUÉ DIGNIDAD? VOCES PARA LA CONCIENCIA Y EL DESARROLLO•

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DIGNIDAD, ¿QUÉ DIGNIDAD?

Voces Para La Conciencia Y El Desarrollo·lunes, 21 de marzo de 2016

POR: ANA GONZÁLEZ, DIRECTORA DE PROGRAMAS DE VOCES

Vergüenza. Hace unos meses escribía sobre la vergüenza que me producían las devoluciones en caliente en la frontera española con Marruecos. No podía imaginarme en aquel momento que sería la propia Unión Europea, cuya comisaria de interior, Cecilia Malmström, censuró a España por el uso de esas prácticas lamentables, la que un año después acabaría santificándolas, aplicándolas en bloque a demandantes de asilo y, sin el menor rubor, insistiría en que se ajustan a la legalidad internacional. Vergüenza, asco, estupor, rabia, tristeza, se me ocurren muchos calificativos, pero pocos que resuman adecuadamente la mezcla de sentimientos que me suscita el acuerdo UE-Turquía para expulsar a los refugiados.

Y yo me pregunto ¿Dónde está Europa y sus valores fundacionales? ¿Dónde han quedado los derechos humanos en este continente que cuando se siente incapaz de hacer cumplir la ley a sus miembros, cambia, retuerce y prostituye las normas, que se salta la legalidad internacional para contentar a los populistas y a los xenófobos, que es incapaz de distribuir a 160.000 refugiados entre una población de 503 millones de personas que ostentan los mayores niveles de bienestar y renta per cápita del planeta?

¿Alguien se cree que la UE, que ha reubicado en 6 meses a 583 refugiados de los 160.000 a los que se comprometió, vaya a acoger en su territorio por los cauces legales al mismo número de refugiados que sean devueltos? ¿Lo que no ha sucedido desde Grecia va a suceder desde Turquía? ¿Alguien se cree que Turquía es un país seguro, donde se va a garantizar el derecho de asilo y la convención de Ginebra a los casi 3 millones de refugiados dentro de sus fronteras? ¿Alguien es tan ingenuo de pensar que a Erdogan, un dirigente con un triste historial de autoritarismo y escaso respeto a los derechos humanos y la libertad de expresión, le importan algo los refugiados sirios? ¿Quién va a fiscalizar que los 3.000 millones de euros para Turquía, que podrían en el futuro convertiste en 6.000 millones, se van a dedicar a la protección de los refugiados y no a sellar las fronteras turcas y a reprimir, por la fuerza si fuera necesario, el éxodo de migrantes hacia Europa? ¿Y en el hipotético e improbable caso de que ese dinero se dedicara íntegramente a garantizar los derechos mínimos de los migrantes, realmente pensamos que 2.000 euros por refugiado son suficientes para proporcionar educación, sanidad y vivienda digna a los millones de personas atrapadas en Turquía?

Solo hay un ganador en este acuerdo, Erdogan, quien ahora podrá contarles a sus compatriotas que ha conseguido dinero fresco de la UE, que se codea con los ricos e importantes, que va a conseguir una pronta adhesión de Turquía a la UE (cosa que solo él se cree) y que gracias a su hábil poder negociador los turcos no necesitarán visado para entrar en Europa. Está claro que la UE prefiere dentro de sus fronteras a turcos que lleguen en avión que a víctimas de guerra que desembarcan con lo puesto, que arriesgan sus vidas en barcazas y que huyen de la muerte o de la tortura. Puestos a elegir, los primeros llegarán presumiblemente con más dinero y si deciden quedarse serían ilegales, inmigrantes económicos, y todo el mundo sabe que esos no tienen ningún derecho, lo que les pase no le importa a nadie. Huelga dar explicaciones.

Erdogan y Davutoglu se cuelgan una medalla sin duda, pero este acuerdo quizá se convierta en un caramelo envenenado, cuando la presión migratoria empiece a hacer mella entre la población turca, cuando la desesperación de los refugiados se traduzca en actos violentos, cuando quede de manifiesto que la voluntad negociadora de la UE para la adhesión de Turquía y para la supresión de visados es mucho menor de la que los turcos esperan. Cuando la situación se haga insostenible tendremos otro problema, nuevas rutas migratorias, nuevos acuerdos parche, uno detrás de otro, hasta que la barcaza de plástico en la que todos viajamos esté tan remendada que acabe explotando sin remedio y hundiéndose en su propia falta de miras, de valores y de principios.

¡Qué mala memoria tiene Europa! ya ha olvidado sus guerras, su propio sufrimiento, ya ha olvidado a las personas para pensar solo en miopes intereses políticos y económicos. Europa, un continente al que después de años de sufrir una terrible crisis política, económica y social, solo le quedaba cierta dignidad moral, dignidad que ha muerto ahogada en una playa mediterránea, que ha sido pisoteada en el fango del campo de refugiados de Idomeni, asfixiada por gases lacrimógenos lanzados contra familias indefensas, niños y bebés incluidos, aplastada por los muros que se han levantado para evitar la entrada de víctimas de guerra.

Según datos de Unicef, uno de cada cuatro demandantes de asilo son niños. Miro a mis hijos y me pregunto cómo voy a explicarles este bochornoso acuerdo. Mejor me callo, para que por lo menos ellos mantengan la ilusión de vivir en una sociedad democrática y respetuosa con los derechos humanos.

¡Ay Europa! Hoy más que nunca, no me representas.

POR: ANA GONZÁLEZ, DIRECTORA DE PROGRAMAS DE VOCES

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