” Chiki Serrano “

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LA DESNUDEZ

En mis años más jóvenes, realmente he arrastrado durante décadas una mochila muy pesada, todo un agujero negro, lleno de necesidad de demostración, de dependencia del halago, de presión por ser el “mejor”, de depresión por no serlo, de decepción porque el mundo de la música resultaba demasiado doloroso, de envidia insana a los que consideraba mejores que yo (envidia injustificada realmente porque después uno descubre que cada cual tiene su propio potencial a desarrollar…), de sentirme realmente mal conmigo mismo… ¿Hay algo más contrario a la belleza y a la música que el sufrimiento? Creo que no.
En mi vivencia personal como músico, nunca como ahora, me he sentido tan “desnudo” y a la vez tan protegido por mi desnudez. Dicho así parece un contrasentido. Pero trataré de explicar qué significado y qué implicaciones trae consigo la desnudez.
En el ámbito de la interpretación musical, y en muchos otros ámbitos o profesiones, en la propia vida en realidad, la “desnudez” es algo que cuesta alcanzar, pues todos vamos creando con los años, una coraza de protección que pretende proyectar una imagen calculada de nosotros, o para ser más exactos, una imagen de lo que queremos creer que somos nosotros, y que acabamos creyendo, porque el disfraz nos acaba poseyendo. Pero tantas capas, nos acaban ahogando, sofocando… Y sólo en momentos de soledad, nos sumergimos en lo que creemos que son nuestras debilidades, en nuestra intimidad profunda, recóndita, a veces incluso olvidada. Nos adentramos en nuestro lado prohibido, en nuestro “niño” oculto, ese que está sediento de abrazos, de cariño, de ternura…. Todo un mundo interior, en el que consideramos que habitan nuestros más frágiles sentimientos y a veces nuestros más bajos instintos. Y nos adentramos en este submundo, en el mejor de los casos… Porque la mayoría de las veces, nuestra vida es tan acelerada, que ni siquiera cuando estamos solos, estamos dispuestos a buscar la quietud de nuestra mente, ocupada en mil cosas. Nos da pavor encontrarnos a nosotros mismos.
Sin embargo, lo que consideramos nuestras debilidades, posiblemente sean nuestras insospechadas fortalezas, las que nos hacen, compasivos, comprensivos y humanitarios. Pero…, nos da miedo mirar ahí, sí, el lado oculto, está realmente oculto a causa del terror que nos produce la idea de descubrir, en nuestro núcleo más interno, quienes somos. Mas al ocultar este lado, no sólo no lo hace desaparecer, sino que más bien se va incrustando más y más y acaba por convertirse en nuestro fantasma, nuestra sombra.
Hasta que un día, tras mucho tiempo de sentir que algo no cuadra en nuestro interior, y ya cansados de sufrir, decidimos echar un vistazo ahí dentro. ¿Por qué no? Ya peor no podemos estar… Como decía el psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung “Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca.”
Observamos, rascamos más y más, y vamos desentrañando aspectos ocultos uno tras otro. Sin embargo, el objetivo no es el juicio ni el castigo. Más bien es poner luz donde antes había oscuridad, es comprender, ¿comprender? Sí, que lo que nos daba miedo descubrir en nosotros, no sólo no es tan dañino como creíamos, sino que realmente lo dañino era el prejuicio que, ocultamente, sin ser conscientes, hacíamos sobre ese rincón de nosotros mismos.
Más bien al contrario, sacamos a la luz aspectos muy humanos y perfectamente comprensibles, que podemos encontrar en cualquier persona, por “malísima” o “buenísima” que nos parezca. Todo tiene una razón oculta, un porqué del porqué, que al destaparse, nos libera y nos lleva al perdón, primero hacia nosotros y después hacia los demás.
Al destapar nuestros rincones ocultos, e integrarlos a nuestra vida, no nos importa mostrarlos, porque sabemos que forma parte de nosotros. Empezamos a amarnos tal como somos, sin juzgarnos, abriendo las puertas a una mirada limpia hacia los demás porque tenemos una mirada limpia hacia nosotros mismos. Y ahí empieza realmente el camino a la libertad.
En ocasiones, la belleza en la música está interpretada por personas que han sufrido en el proceso de formación, y más aún en la vida profesional (me incluyo por supuesto)… Hemos sufrido (digo) todo lo descrito anteriormente, y sí, hay una apariencia de belleza en esas interpretaciones, algunas de ellas de una perfección técnica y estilística deslumbrante, pero una belleza que no es completa a mi entender, porque no emana de un estado de paz interior, en el que no necesitas vencer, ni convencer…
Años atrás, interpretando algún concierto, terminaba más o menos satisfecho de mi ejecución técnica e interpretativa y la valoración del público era aceptable. Pero realmente, nunca como hasta ahora, he vibrado de un modo tan intenso y particular en mis interpretaciones. Igualmente, como antaño, cometo errores de interpretación (son humanos), pero, algo ha cambiado. No se muy bien ni como sucede, pero sí estoy seguro de que tiene que ver con la transformación profunda en mi persona. Seguro que conecto más con unas personas y con otras menos. Como es lógico no podemos pretender sintonizar con todo el mundo, pero desde luego, y para mi sorpresa, en la actualidad hay hombres y mujeres que se me acercan con el fin de expresar la emoción que les produjo tal o cual pieza. Hace años, esto no me pasaba nunca, o casi nunca, y me parecía frustrante (claro, tantísimas horas de estudio durante interminables años, “¡no era justo!”) Ahora, se puede decir realmente que no he mejorado de manera sustancial mi técnica violonchelística, es similar a la de hace años, pero ahora me ocurre algo distinto, ¿qué es lo que ha cambiado?
Bien, tengo el convencimiento de que lo que a mi me ha ocurrido, no es en absoluto algo que me haya sucedido por ser yo, no somos nadie tan excepcionales, creo sinceramente que todos tenemos, más o menos oculto, ese potencial dispuesto a ser liberado.
Perder tiempo buscando culpables: el sistema, la sociedad, la política, la educación y bla bla bla… Todo eso está muy bien, pero buscar culpables implica seguir sufriendo y anclarse al pasado… Cuando tocamos fondo en la vida (a todos nos ocurre antes o después), de pronto ves las cosas con nitidez, y comienzas a diferenciar lo esencial de lo accesorio, apresurándote a soltar lastre porque ves que si no, el barco se hunde y te empieza a importar bien poco la opinión de los demás… Es más, de pronto caes en la cuenta de que, los que tu creías que te estaban juzgando, en realidad no lo hacían, y eras tu el que estabas causándote el sufriendo por creer que sí.
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¿Cuántas veces nos atenazamos por hacer interpretaciones sobre lo que los demás puedan estar pensando de nosotros? En mi caso, sintiendo que juzgaban si tocaba el violoncello regular o peor. ¿Por qué jamás se me ocurría pensar en positivo? NO, ¿para qué?
¿Cuántas veces dejamos de hacer las cosas bien, por ocuparnos de demostrar que hacemos las cosas bien? ¿Puedo emocionar con mi música si me preocupo de emocionar a los demás con mi música? o simplemente ¿he de emocionarme al tocar sin esperar nada de nadie, y cada cual que lo reciba como mejor le parezca?
Al final acabas dando las gracias (al menos ese es mi caso) por haber experimentado circunstancias aparentemente negativas, que en realidad han sido una tabla de salvación. Los golpes de la vida son como los golpes de viento en un barco, te obligan a orientar las velas en otra dirección.
Soltado el peso sobrante, caminas ligero, y te ocupas sencillamente de lo tuyo, en mi caso de tocar el violoncello en las calles de Toledo. Mi vivencia:
cerrar los ojos y entregarse a sentir, a sumergirte en ese lado intimo, sin mirar a nadie, sin compararte con nadie, evocando la belleza y el goce que produce aceptar tus lados oscuros y tus errores, abrazando a ese niño que llevas dentro, infundiéndole confianza y perdón, fundiéndote con la propia emoción y… ¡EUREKA! De repente abres los ojos tras la canción y te encuentras con la sorpresa de que, paradas a tu alrededor ¡hay personas! Algunas de ellas emocionadas, y con la necesidad de expresar lo que han sentido al escucharte. Quizá te piden un abrazo, o quizá sencillamente siguen su camino, ¡todo esta bien!
Con una sencilla canción, sin hacer nada, sin virtuosismo, tan solo la transparencia, mostrándote sin más, aprendes que la desnudez se contagia. Abres tu corazón y te encuentras corazones abiertos. Miras a tu alrededor y caes en la cuenta de que en realidad hay muchas personas necesitadas de eso precisamente, de desnudez. Y que cuando muestras tu interior, conectas, precisamente porque todos “nuestros interiores”, el de cada una de las personas, son interiores muy parecidos, más aún, son intrínsecamente iguales.
TODOS tenemos esa belleza, pero está oculta bajo capas y más capas de miedo. Mi sugerencia: no esperes a tocar fondo para desnudar tu corazón.
Chiki Serrano

2 Comments

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2 Comments on “” Chiki Serrano “
  1. Gracias chiki, pensaba qye yo estaba loco pero veo que somos dos…y muchos mas. Pienso igual que tu sobre ese comentario en el que desnudas tu corazon y alivias tu equipaje y simplemente eres asi, tu con la musica y yo con la voz. Y hacemos sentir y vibrar a las personas qye pasan por nuestro lado a escucharnos. Yo soy feliz con ello y veo que tu tambien. Gracias por compartirlo. Un abrazo.

  2. Fue un inmenso honor,conocerlo, soy una turista ecuatoriana que estuvo en su hermoso pais hace 1 mes y al salir de la Catedral lo escuche y pude adquirir un CD, ahora ya en mi pais y en mis actividades cotidianas y en mi trabajo lo estoy escuchando y he retornado mentalmente aquel bello lugar.
    felicidades por la magia del sonido y la ternura de sus notas

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