Asana

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Corporeizar el equilibrio a través de asana

“La postura se vivencia mediante la relajación del esfuerzo y la mente en el estado infinito de reposo.”

El diccionario de la Lengua Española ofrece varias definiciones para el equilibrio: estado de reposo resultante de la actuación de fuerzas que se contrarrestan; posición vertical del cuerpo humano; en sentido figurado, armonía entre cosas diversas, ecuanimidad, mesura, sensatez en los actos y juicios. Todo ello lo encontramos en la práctica de posturas de equilibrio.
De entre los miles de asanas que se conocen y se aplican en las sesiones de yoga, las de equilibrio son una más. Su objetivo es influir a nivel mental, por medio de una presencia constante en el mantenimiento de la postura, realizándola el tiempo conveniente, con el justo esfuerzo en la estabilidad. Para que ello sea posible, la mente ha de estar concentrada, en calma, sin movimiento. Si pensamos nos desestabilizamos.
Se corporeiza el equilibrio no sólo en lo físico, sino también en lo psíquico, incluyendo pensamientos y emociones. Si la mente está concentrada, el cuerpo relajado y se aplica el justo esfuerzo, hay estabilidad y calma. Cuanto menor sea el esfuerzo más nos aproximamos al equilibrio, a la estabilidad relajada. Por eso, una de las instrucciones que escuchamos en las sesiones de yoga es: encontrar ese espacio en el que uno puede relajarse en el esfuerzo, sonreír en el esfuerzo.
En la realización de las posiciones de equilibrio conviene tener en cuenta algunas directrices básicas:
• Atención mantenida en el eje vertebral, con la mente concentrada, sea en un punto externo, ojos abiertos enfocando la mirada;  sea en uno interno, con los ojos cerrados, desde la mirada interna hacia un “objeto de concentración”, un Ishta Devata. • Poner conciencia en sentir la posición desde la inmovilidad, la estabilidad, la relajación; aplicando el justo esfuerzo para permanecer en ella y durante el tiempo que resulte conveniente.  • Dejar que la respiración se haga con su ritmo natural, o si se quiere, regularla sutilmente para colaborar en la quietud y la calma que el mantenimiento del asana requiere.
• Desarrollar una actitud amable, comprensiva hacia uno mismo, con ecuanimidad, al margen del “éxito” o “fracaso” en su ejecución. • En la fase de vuelta, debe deshacerse la posición con suavidad, regulando, sin que el equilibrio se pierda, hasta llegar a la posición de partida. • Después de deshacer el asana de equilibrio, conviene dedicar un tiempo a observar lo que se manifiesta: sensaciones físicas, contenidos mentales y emocionales, silencio, calma, etc. Esto puede hacerse mateniendo la posición de pie, en relajación sobre el suelo o  en  asana de meditación.

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Se practican muchos tipos de asanas de equilibrio. Éstos son algunos:
1.- Postura de equilibrio sobre un pie (ekapada): – vrksasana (el árbol);  – utthita satyeshikasana (postura de la pértiga en elevación); – utthita ardha dhanurasana (postura del medio arco elevado).
2.-  Postura de equilibrio sobre isquiones: – utthita hasta merudandasana (postura del triángulo oscilante); – navasana (postura de la barca).
3.- Posiciones de equilibrio sobre la cabeza y manos: – sirshasana – kapalasana
4.- Posiciones de equilibrio sobre las dos manos: – hastasana
5.-  Posiciones de equilibrio sobre hombros: – niralamba sarvangasana.
6.-  Posiciones de equilibrio a partir de tres apoyos: – pada chandrasana (postura del pie a la luna).
7. Sobre el apoyo en las bases de los dedos de los pies: – mandukasana, – utthita tadasana.

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Muchas de estas posiciones de equilibrio son además posturas de giro, de flexión, de extensión, beneficiándose el practicante de los efectos que se derivan de las distintas flexiones y de las actitudes psíquicas que cada una de ellas lleva implícitas.
Un ejemplo. En las posiciones de equilibrio sobre las piernas además de fortalecer el global de la musculatura corporal, a nivel simbólico tomamos contacto con una base firme de sólidas raíces, para poder crecer. Al instalarse en esta postura, el cuerpo expresa la idea de elevarse, como el árbol que enraizado en la tierra crece en busca de la luz del sol: de lo físico a lo sutil, de la tierra al cielo.
En nuestra vida necesitamos sentir ese enraizamiento, que será fuerte en la medida en que tengamos claridad para saber quiénes somos, qué buscamos, qué queremos, y de qué fuerza disponemos para llevarlo a cabo.
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Vivenciamos el equilibrio físico en la postura como un camino hacia la consecución de un equilibrio completo en todos los niveles del Ser. El equilibrio trae estabilidad, paz, y ello propicia una apertura a la contemplación del espacio del corazón, dónde anida el sentimiento por excelencia, el amor.
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Todo en la vida lleva su tiempo, y por eso la práctica de las posturas de equilibrio ha de ser gradual, paso a paso, aplicando: atención, concentración, aceptación, ecuanimidad y confianza.
Una de las posturas más sencillas para comenzar, es la siguiente:
“Colócate en la posición de pie, en tadasana. Con los ojos cerrados toma conciencia del eje corporal y siente tu posición erguida. Desplaza el peso del cuerpo sobre un pie, siéntelo como raíz en la tierra, mientras dejas tus brazos relajados. Ahora abre los ojos y fija la mirada en un punto en el suelo sin bajar la cabeza, que permanece erguida, alineada con el eje del cuerpo; esta mirada es amigable, como si la posaras en los ojos de un ser querido. Siente que tu respiración natural es suave, que está ahí ayudándote en lo que necesitas. Ahora dobla la rodilla de la pierna contraria, de manera que el muslo quede paralelo al de la otra pierna y la pantorrilla perpendicular al suelo, el pie completamente relajado. Mantén la mirada en el punto externo, mientras dejas
que tu cuerpo encuentre la postura relajada, activando las zonas que necesita para mantenerla y permitiendo la relajación de aquéllas que pueden descansar.
Encuentra la quietud relajada en la postura y permanece en ella mientras estés a gusto; y cuando quieras la vas dejando, cierra los ojos y observa lo que sientes…”.

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Para practicantes con una cierta experiencia, una secuencia de asanas sería:
1.- Vrksasna (postura del árbol) 2.- Utthita tadasana (postura de la palmera elevada) 3.- Utthita ardha janu dhanurasana (postura del arco elevado sobre las rodillas) 4.- Utthita shashankasana (postura de la liebre elevada) 5.- Ardha siddhasana (postura de meditación)
O bien:
1.- Utthita ardha dhanurasana (postura del medio arco elevado) 2.- Pada chandrasana (postura del pie a la luna) 3.- Niralamba sarvangasana (postura de la vela, sin apoyos) 4.- Utthita mandukasana (postura de la rana elevada)

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De lo más físico a lo más sutil, son muchos los efectos que la práctica de estas posiciones desarrollan en todos los planos. Fortalecen las estructuras corporales que participan en su ejecución, aportando flexibilidad y tonicidad al sistema muscular; al reducir los procesos mentales, calman el sistema nervioso, favoreciendo la concentración; además, aportan confianza en uno mismo a través de la aceptación y la ecuanimidad que conlleva el equilibrio;
desde la anatomía sutil del yoga favorecen el buen flujo energético a través de sushumna nadi y, por supuesto, nos ponen en contacto con las actitudes psíquicas que cada tipo de postura encarna. En general, las posiciones de equilibrio aumentan la concentración y desarrollan estabilidad psíquica, provocando paz y contento.
Como ya se ha comentado, para profundizar en la práctica conviene, al deshacer cada asana, relajar y aplicar chidakhasa dharana, contemplando el espacio que nos brinda la mirada interna, ahora con los ojos cerrados, y familiarizarnos con ese estado de quietud, de equilibrio, de calma, para poder encontrarlo y reconocerlo en nuestro vivir diario
Pilar  iñigo,Jose  luis  Azon  y  Eva  Gómez.

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